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Brutus AC-15 - Historia

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Bruto

Marco Junio ​​Bruto (85? -42 a. C.) fue un político romano y uno de los asesinos de César.

(AC-15: dp. 2000; 1. 332'6 "; b. 41'6"; dr. 22'11 "; s. 10 k .;
cpl. 80; una. 4 6 pdr.)

Brutus (AC-15) fue construido en 1894 por J. Readhead and Sons, South Shields-on Tyne, Inglaterra, como Peter Jeb8en; comprado por la Marina en San Francisco el 21 de abril de 1898; y comisionado el 27 de mayo de 1898, el teniente V. L. Cottman al mando.

Con equipo de remolque, Brutus llevó el monitor Monterey a remolque y partió de San Diego el 11 de junio de 1898. Habiendo remolcado ese buque más de 3700 millas, Brutus llegó a Manila el 4 de agosto después de breves paradas en ruta. El 9 de marzo de 1899 regresó a Mare Island Navy Yard y fue asignada a la Estación del Pacífico. Dejando Mare Island el 2 de abril de 1899, cruzó el Pacífico, a través de Samoa y Honolulu, hasta Guam, donde sirvió en ocasiones como barco de estación (13 de agosto de 1899-28 de marzo de 1901). Volviendo al Atlántico, a través de Oriente y el Mediterráneo, Brutus llegó a Nueva York el 6 de agosto de 1901 y quedó fuera de servicio allí el 29 de agosto de 1901.

A partir del 1 de noviembre de 1901, operó bajo contrato como buque de combustible auxiliar de flota para servicio especial con complemento comercial (Servicio Auxiliar Naval). Sus servicios fueron asignados a la Flota Asiática, 1903-07, y durante el 28 de diciembre de 1905 al 9 de julio de 1906 remolcó el Dewey Drydock a Filipinas. Estuvo adscrita al Atlantic Meet entre 1907 y 1916. En 1913-14 suministró embarcaciones que patrullaban en aguas mexicanas. En 1915 cargó cargamento y provisiones para dar servicio a los buques de la Armada en el Mediterráneo y el Cercano Oriente y sirvió como remolcador para prácticas de tiro mientras estuvo allí.

En abril de 1916, Brutus fue trasladado a la Estación del Pacífico, con base en Mare Island Navy Yard. Al comienzo de World Wal- I, sus oficiales y tripulación fueron llevados a la Reserva Naval. El 24 de abril de 1917, con destino a aguas mexicanas, quedó varada en la isla Cerros durante una neblina. Ella fue flotada después de diez días; remolcado a San Diego para reparación temporal; y luego fue remolcado a Mare Island Navy Yard para reparaciones permanentes. Cuando estaba lista para el servicio, además de sus deberes especiales, convocó una flotilla de subcazadores en aguas mexicanas y patrulló allí. A fines de 1918, Brutus participó en la Expedición de Alivio de la Influenza de la Cruz Roja de Alaska, regresando con pasajeros y carga en enero de 1919. A partir de entonces, sirvió con el Tren Pacifle Meet, hasta que un año después fue enviada con carbón y suministros a la Estación Naval de Tutuila. Samoa. En marzo de 1920 partió de Samoa en ruta a Honolulu con MS Oregon a cuestas. Al regresar a la base, continuó con sus deberes durante un año más, haciendo varias llamadas en Puget Sound Navy Yard para cargar municiones y entregarlas a la Flota. Fue dada de baja el 17 de agosto de 1921 y vendida el 29 de julio de 1922.


Brutus descendía de una de las familias más prestigiosas de toda Roma. El antepasado de Brutus, Lucius Junius Brutus, ayudó en el derrocamiento de un rey etrusco que gobernó Roma. Lucius literalmente tenía el apodo de "el fundador de la República Romana". ¿Significa esto que derribar dictadores era solo una tradición familiar en la familia de Brutus?

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Brutus AC-15 - Historia

USS Brutus unos años antes de la Primera Guerra Mundial
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Clase: BRUTUS (AC-15)
Diseño de carga, 1894
Desplazamiento (toneladas): 2,000 luz, 6550 máx.
Dimensiones (pies): 332.5 'oa, 321.5' pp x 41.5 'wl x 22.9' max
Armamento original: 2-6pdr (1898)
Armamentos posteriores: 1-6pdr (1902)
ninguno (1911)
4-6pdr (1916/17)
Complemento 95 (1920)
Velocidad (nudos): 10
Propulsión (HP): 1200
Maquinaria: Triple expansión vertical, 1 tornillo

Construcción:

C.A. Nombre Acq. Constructor Quilla Lanzamiento Comisar.
15 BRUTO 3 junio 98 J. Readhead & Sons -- Febrero 94 27 de mayo de 98

Disposición:
C.A. Nombre Decomm. Huelga Disposición Destino Venta MA
15 BRUTO 17 agosto 21 -- 29 julio 22 Vendido --

Apuntes de clase:
PETER JEBSEN, un buque de carga con cubierta de toldo parcial, fue construido por John Readhead & Sons, South Shields, Inglaterra en 1894 para Bergh & Helland de Bergen, Noruega. Negociaba bajo la bandera noruega.

El 12 de marzo de 98, el Secretario de Marina de los Estados Unidos nombró una Junta Naval de Cruceros Auxiliares para seleccionar y comprar embarcaciones civiles para uso de la Armada en la inminente guerra con España. La Junta inicialmente se centró en posibles cruceros auxiliares y en remolcadores y yates, pero a principios de abril el Departamento de Marina ordenó que asegurara adiciones a la flota de minas de la Marina. Entre el 2 de abril de 98 (SATURNO) y el 30 de junio de 98 (NERO), la Armada adquirió veinte cargueros para su uso como minas. Las autoridades navales de San Francisco negociaron la compra del barco a L. F. Chapman & Co. (posiblemente un intermediario), probablemente durante una escala en el puerto allí, y la Marina lo nombró BRUTUS el 27 de mayo de 98 en el Mare Island Navy Yard. Los documentos finales de compra estaban fechados el 3 de junio de 98. La Marina calificó su capacidad de carga de carbón en 4.850 toneladas.

BRUTUS comenzó su carrera en la Marina remolcando el monitor MONTEREY (Monitor No. 6) desde San Diego, California, a la bahía de Manila en las Filipinas entre junio y agosto de 1898. Excepto por breves períodos fuera de servicio entre cruceros, estuvo en uso continuo durante las próximas dos décadas transportando cargamentos de la Marina por todo el mundo. De 1903 a 1917 estuvo tripulada por una tripulación de la marina mercante, inicialmente compuesta por ciudadanos chinos. Entre diciembre de 1905 y julio de 1906, BRUTUS, CAESAR, GLACIER y el remolcador POTOMAC remolcaron el dique seco DEWEY desde la bahía de Chesapeake hasta Manila. El 24 de abril del 17 encalló en la isla Cerros, cerca de San Diego, en medio de una densa niebla. Reflotado diez días después, fue reparado en Mare Island Navy Yard. BRUTUS fue designada AC-15 cuando se implementó el esquema de clasificación estándar de cascos de la Marina el 17 de julio. El Departamento de Marina la colocó en la lista de ventas el 28 de marzo 22.


El encuentro sangriento

Una vez que César entró en la cámara, los asesinos descendieron sobre él. El primero en atacar fue Tillius Cimber, quien tiró de la túnica de César como señal a los asesinos. El caos descendió. César luchó por huir de sus asesinos, pero se sintió abrumado. Otros senadores que no estaban involucrados en el complot se fueron corriendo. Finalmente, el ex dictador sucumbió a sus múltiples heridas.

Desafortunadamente, ninguno de los 60 asesinos tenía idea de qué hacer después de matar a César. La Enciclopedia de Historia Antigua escribió que Bruto habló desde una plataforma para calmar la situación, y creía que la muerte de César provocaría el antiguo espíritu romano. No tuvieron en cuenta el amor del público por César. Mientras desfilaban su cuerpo, la gente lloraba. El lugarteniente de confianza de César, Marc Antony, negoció un trato con el Senado para mantener todas las leyes de César, pero proporcionar amnistía para los asesinos. No serían arrestados, pero no se les otorgaría ningún cambio de cargos o leyes que quisieran.

El público odiaba la idea. Muchos de los conspiradores fueron prácticamente expulsados ​​de Roma. Bruto se fue a Creta, mientras que Décimo se quedó con el ejército. Cassius tenía el poder en Asia, por lo que esperó el momento oportuno allí. Muchos pensaron que estaban a salvo, pero, con el ascenso del sucesor elegido de César, Octavio, las cosas rápidamente se fueron al sur. Octavio quería ser emperador y estuvo de acuerdo en que los asesinos recibieran indulgencia. Una de las primeras acciones de Octavio fue declarar a los asesinos enemigos de Roma, y ​​la república descendió a la Guerra Civil.


Pasajes importantes

La primera pregunta que se plantea sobre el tema es, ¿si un gobierno confederado sería lo mejor para Estados Unidos o no? O en otras palabras, si los trece Estados Unidos deben reducirse a una gran república, gobernada por una sola legislatura, y bajo la dirección de un ejecutivo y judicial, o si deben continuar trece repúblicas confederadas, bajo la dirección y control de un supremo gobierno federal. ¿Se dirige únicamente a determinados fines nacionales definidos?

Este gobierno debe poseer poder absoluto e incontrolable, legislativo, ejecutivo y judicial, respecto de todo objeto a que se extienda, pues por el último inciso del inciso octavo, artículo primero, se declara “que el Congreso tendrá el poder de promulgar todas las leyes que sean necesarias y apropiadas para llevar a la práctica los poderes anteriores, y todos los demás poderes conferidos por esta constitución, en el gobierno de los Estados Unidos o en cualquier departamento u oficina del mismo ". Y por el artículo sexto, se declara “que esta constitución, y las leyes de los Estados Unidos, que se harán en cumplimiento de la misma, y ​​los tratados que se celebren, o que se celebren, bajo la autoridad de los Estados Unidos, serán será la ley suprema del país y los jueces de cada Estado estarán obligados por ello a cualquier disposición de la constitución, o de la ley de cualquier estado en contrario, sin perjuicio de ”. De estos artículos se desprende que no hay necesidad de ninguna intervención de los gobiernos estatales, entre el Congreso y el pueblo, para ejecutar cualquier poder conferido al gobierno general y que la constitución y las leyes de cada estado quedan anuladas y declaradas nulas, por lo que en la medida en que sean o vayan a ser incompatibles con esta constitución, o las leyes dictadas en cumplimiento de ella, o con los tratados celebrados bajo la autoridad de los Estados Unidos.


Bruto XV

Este ensayo continúa un argumento que Brutus introdujo en Brutus XIV, donde sostenía "que la corte suprema bajo esta constitución sería exaltada por encima de cualquier otro poder en el gobierno, y no estaría sujeta a ningún control". Aquí Brutus explica esta posición y discute los peligros que se derivan de otorgarle al poder judicial la facultad de revisar y decidir sobre la constitucionalidad de las acciones de los otros poderes. Señala que 1) “No hay poder por encima de ellos que pueda corregir sus errores o controlar sus decisiones”, 2) “No pueden ser destituidos o sufrir una disminución de sus sueldos, por cualquier error de juicio o falta de capacidad , ”Y 3)“ el poder de este tribunal es en muchos casos superior al de la legislatura ”. Para probar el último punto, Brutus dice que “la corte suprema. . . tienen el derecho, independiente de la legislatura, de dar una construcción a la constitución y cada parte de ella, y no hay poder provisto en este sistema para corregir su construcción o eliminarla ”.

Brutus advierte: "Los hombres que se encuentran en esta situación generalmente pronto se sentirán independientes del cielo mismo".

Algunas de las afirmaciones de Brutus parecen inverosímiles, por ejemplo, que los redactores diseñaron el poder judicial para impulsar un proyecto "para abolir por completo los gobiernos estatales y fundir los estados en un solo gobierno". Continúa sugiriendo que el Congreso y la Corte podrían coludirse para completar este proyecto. Sin embargo, al elaborar esta teoría, Brutus ilumina las tendencias de la corte sobre las que bien podríamos reflexionar hoy: “Sus decisiones sobre el significado de la constitución se llevarán a cabo comúnmente en casos que surjan entre individuos, con los que el público generalmente no estará familiarizado. una adjudicación sentará un precedente a la siguiente, y ésta a la siguiente. Estos casos afectarán inmediatamente a los individuos, de modo que probablemente se lleve a cabo una serie de determinaciones antes incluso de que las personas sean informadas de ellos. Mientras tanto, se empleará todo el arte y la dirección de aquellos que deseen el cambio para hacer conversiones a su opinión ". Sin duda, el argumento de Brutus sobre la amenaza a los gobiernos estatales sugiere algunas de las razones por las que, poco después de la ratificación de la Constitución, el Congreso incluiría en la Carta de Derechos la décima enmienda, que reserva derechos a los estados o al pueblo.

Fuente: Herbert J. Storing, ed., El antifederalista completo, (Chicago: The University of Chicago Press, 1981) 2: 437-442.

Dije en mi último número, que la corte suprema bajo esta constitución sería exaltada por encima de cualquier otro poder en el gobierno y no estaría sujeta a ningún control. El propósito de este artículo será ilustrar esto y mostrar el peligro que resultará de ello. Me pregunto si el mundo vio alguna vez, en algún período, un tribunal de justicia investido con poderes tan inmensos y, sin embargo, colocado en una situación de tan poca responsabilidad. Lo cierto es que en Inglaterra y en los diversos estados, donde se nos ha enseñado a creer, los tribunales de justicia tienen el establecimiento más prudente, están en una base muy diferente.

Los jueces en Inglaterra, es cierto, ejercen sus cargos durante su buen comportamiento, pero luego sus determinaciones están sujetas a corrección por parte de la Cámara de los Lores y su poder no es en absoluto tan amplio como el de la propuesta corte suprema de la unión. - Creo que en ningún caso asumen la autoridad para anular una ley del parlamento bajo la idea de que es incompatible con su constitución. [1] Se consideran obligados a decidir de acuerdo con las leyes vigentes en el país, y nunca se comprometen a controlarlas juzgando que son incompatibles con la constitución, y mucho menos tienen el poder de dar una construcción equitativa [2] a la constitución.

Los jueces en Inglaterra están bajo el control de la legislatura, porque están obligados a determinar de acuerdo con las leyes aprobadas por ellos. Pero los jueces bajo esta constitución controlarán la legislatura, porque la corte suprema está autorizada en última instancia, para determinar cuál es el alcance de los poderes del Congreso, deben dar una explicación a la constitución, y no hay poder por encima de ellos. para dejar de lado su juicio. Los redactores de esta constitución parecen haber seguido la de los británicos, al hacer que los jueces sean independientes, al otorgarles sus cargos durante el buen comportamiento, sin seguir la constitución de Inglaterra, al instituir un tribunal en el que sus errores puedan ser corregidos y sin previo aviso. a esto, que el judicial bajo este sistema tiene un poder que está por encima del legislativo, y que de hecho trasciende cualquier poder antes dado a un judicial por cualquier gobierno libre bajo el cielo.

No me opongo a que los jueces retengan sus comisiones por buena conducta. Supongo que sería una disposición adecuada siempre que se les hiciera debidamente responsables. Pero digo, este sistema ha seguido al gobierno inglés en esto, mientras que se ha apartado de casi todos los demás principios de su jurisprudencia, bajo la idea de hacer que los jueces sean independientes, lo que, en la constitución británica, no significa más que que ellos ocupan sus puestos durante el buen comportamiento y tienen salarios fijos; han hecho que los jueces sean independientes, en el sentido más amplio de la palabra. No hay poder por encima de ellos para controlar sus decisiones. No hay autoridad que pueda removerlos y no pueden ser controlados por las leyes de la legislatura. En resumen, son independientes del pueblo, de la legislatura y de todo poder bajo el cielo. Los hombres que se encuentran en esta situación generalmente pronto se sentirán independientes del cielo mismo. Antes de proceder a ilustrar la veracidad de estas afirmaciones, pido libertad para hacer una observación: aunque en mi opinión los jueces deberían ocupar sus cargos durante la buena conducta, creo que está claro que las razones a favor de este establecimiento de los jueces en Inglaterra, de ninguna manera se aplican a este país.

La gran razón atribuida, por la que los jueces en Gran Bretaña deberían ser comisionados con buena conducta, es esta, que pueden ser colocados en una situación, no ser influenciados por la corona, para tomar tales decisiones, que tenderían a incrementar sus poderes. y prerrogativas. Mientras los jueces ocupaban sus puestos a voluntad y placer del rey, de quien dependían no sólo para sus cargos, sino también para sus sueldos, estaban sujetos a todas las influencias indebidas. Si la corona deseaba llevar un punto favorito, para lograr lo cual era necesaria la ayuda de los tribunales, el placer del rey se significaría para los jueces. Y se requería el espíritu de un mártir para que los jueces determinaran en contra de la voluntad del rey. - Dependían absolutamente de él tanto para sus oficinas como para sus vidas. El rey, que desempeña su cargo durante su vida y lo transmite a su posteridad como herencia, tiene incentivos mucho más fuertes para aumentar las prerrogativas de su cargo que aquellos que desempeñan sus cargos por períodos establecidos, o incluso de por vida. De ahí que la nación inglesa ganara un gran punto a favor de la libertad. Cuando obtuvieron el nombramiento de los jueces, por buena conducta, obtuvieron de la corona una concesión, que la privó de uno de los motores más poderosos con los que podía ensanchar los límites de la prerrogativa real e invadir las libertades del pueblo. . Pero estas razones no se aplican a este país, no tenemos monarca hereditario quienes nombran a los jueces no ocupan sus cargos de por vida, ni descienden a sus hijos. Los mismos argumentos, por tanto, que concluirán a favor del tenor de los jueces por buena conducta, pierden una parte considerable de su peso cuando se aplican al estado y condición de América. Pero mucho menos se puede demostrar, que la naturaleza de nuestro gobierno requiere que los tribunales se coloquen más allá de toda cuenta más independientes, tanto que estén fuera de control.

He dicho que los jueces bajo este sistema serán independientes en el sentido estricto de la palabra: Para probar esto, mostraré - Que no hay ningún poder por encima de ellos que pueda controlar sus decisiones o corregir sus errores. No hay autoridad que pueda destituirlos de sus cargos por cualquier error o falta de capacidad, o rebajar sus sueldos, y en muchos casos su poder es superior al del Legislativo.

1er. No hay ningún poder por encima de ellos que pueda corregir sus errores o controlar sus decisiones - Las adjudicaciones de este tribunal son definitivas e irreversibles, ya que no hay un tribunal por encima de ellos al que puedan recurrir las apelaciones, ya sea por error o por méritos. - A este respecto, difiere de los tribunales de Inglaterra, porque allí la Cámara de los Lores es el tribunal más alto, ante el cual las apelaciones, por error, se llevan desde los más altos tribunales de justicia.

2d. No pueden ser destituidos ni sufrir una disminución de sus sueldos, por cualquier error de juicio o falta de capacidad.

Queda expresamente declarado por la constitución: “Que en las fechas señaladas recibirán una compensación por sus servicios que no se verá disminuida durante su permanencia en el cargo”.

La única cláusula en la constitución que establece la destitución de los jueces de sus cargos es la que declara que “el presidente, el vicepresidente y todos los funcionarios civiles de los Estados Unidos serán destituidos de sus cargos en caso de juicio político por, y condena por traición, soborno u otros delitos graves y faltas ". Por este párrafo, los funcionarios civiles, en los que se incluyen los jueces, son removibles solo por delitos. Se nombran traición y soborno, y el resto se incluye en los términos generales de delitos graves y faltas. - Los errores de juicio, o la falta de capacidad para desempeñar los deberes del cargo, no pueden suponerse nunca incluidos en estas palabras, delitos graves y faltas. Un hombre puede confundir un caso al emitir un juicio, o manifestar que es incompetente para el desempeño de los deberes de un juez y, sin embargo, no dar evidencia de corrupción o falta de integridad. Para sustentar la acusación, será necesario dar en evidencia algunos hechos que demuestren que los jueces cometieron el error por motivos inicuos y corruptos.

3d. El poder de este tribunal es en muchos casos superior al del legislativo. He demostrado, en un documento anterior, que este tribunal estará autorizado para decidir sobre el significado de la constitución, y que, no solo de acuerdo con el significado natural y obvio de las palabras, sino también de acuerdo con el espíritu y la intención de la misma. . En el ejercicio de este poder no estarán subordinados, sino por encima de la legislatura. Pues todos los departamentos de este gobierno recibirán sus poderes, en la medida en que se expresen en la constitución, del pueblo inmediatamente, que es la fuente del poder. La legislatura sólo puede ejercer los poderes que le otorga la constitución, no puede asumir ninguno de los derechos anexos al judicial, por esta sencilla razón, que la misma autoridad que otorgó a la legislatura sus poderes, otorgó al judicial los suyos - ambos se derivan de la misma fuente, por lo tanto ambos son igualmente válidos, y el judicial ejerce sus poderes independientemente del legislativo, como el legislativo lo hace del judicial. - La corte suprema tiene entonces el derecho, independiente de la legislatura, de dar una construcción a la constitución y cada parte de ella, y no hay poder provisto en este sistema para corregir su construcción o eliminarla. Si, por lo tanto, la legislatura aprueba alguna ley, inconsistente con el sentido que los jueces le dan a la constitución, la declarará nula y por lo tanto su poder en este sentido es superior al de la legislatura. En Inglaterra los jueces no solo están sujetos a que la Cámara de los Lores anule sus decisiones, por error, sino en los casos en que dan una explicación a las leyes o constitución del país, en contra del sentido del parlamento, aunque el el parlamento no anulará la sentencia de la corte, sin embargo, tiene autoridad, por una nueva ley, para explicar una anterior, y por este medio para prevenir la recepción de tales decisiones. Pero ese poder no está en la legislatura. Los jueces son supremos, y ninguna ley que explique la constitución será vinculante para ellos.

De los comentarios anteriores, que se han hecho sobre los poderes judiciales propuestos en este sistema, la política del mismo puede desarrollarse plenamente.

En el curso de mi observación sobre esta constitución, he afirmado y me he esforzado por demostrar que estaba calculado para abolir por completo los gobiernos estatales y fundir los estados en un solo gobierno, para todos los propósitos, tanto internos como locales. como externo y nacional. En esta opinión, los opositores al sistema han estado de acuerdo en general, y esto ha sido negado de manera uniforme por sus defensores en público. Algunos individuos, en efecto, entre ellos, confesarán, que tiene esta tendencia, y escrúpulos en no decir, es lo que desean y me atreveré a predecir, sin espíritu de profecía, que si se adopta sin enmiendas, o algunas precauciones que aseguren enmiendas inmediatamente después de su adopción, que los mismos caballeros que han empleado sus talentos y habilidades con tanto éxito para influir en la mente pública para adoptar este plan, emplearán las mismas para persuadir a la gente, que será para su bien para abolir los gobiernos estatales como inútiles y onerosos.

Quizás nada podría haber sido mejor concebido para facilitar la abolición de los gobiernos estatales que la constitución del poder judicial. Podrán extender los límites del gobierno general gradualmente, y en grados insensibles, y acomodarse al temperamento del pueblo. Sus decisiones sobre el significado de la constitución se llevarán a cabo comúnmente en casos que surjan entre individuos, con los cuales el público generalmente no estará familiarizado. Una sentencia formará un precedente para la siguiente, y esta para la siguiente. Estos casos afectarán inmediatamente a los individuos, de modo que probablemente se lleve a cabo una serie de determinaciones antes incluso de que las personas sean informadas de ellos. Mientras tanto, se empleará todo el arte y la dirección de aquellos que deseen el cambio para hacer conversiones a su opinión. Se le dirá a la gente que sus funcionarios estatales y las legislaturas estatales son una carga y un gasto sin ofrecer ninguna ventaja sólida, porque todas las leyes aprobadas por ellos podrían ser igualmente bien elaboradas por la legislatura general. Si a los que estarán interesados ​​en el cambio se les suma, los que estarán bajo su influencia, y los que se someterán a casi cualquier cambio de gobierno, que puedan ser persuadidos de creer que los aliviará de impuestos, es fácil. a ver, el partido que favorecerá la abolición de los gobiernos estatales estaría lejos de ser despreciable. - En esta situación, la legislatura general, podría aprobar una ley tras otra, ampliando la general y abreviando las jurisdicciones estatales, y para sancionar sus procedimientos tendría un curso de decisiones del judicial a quien la constitución ha encomendado la facultad de explicar la constitución. - Si los estados protestan, el modo constitucional de decidir sobre la validez de la ley, es con la corte suprema, y ​​ni el pueblo, ni las legislaturas estatales, ni la legislatura general pueden removerlos o revocar sus decretos.

Si la construcción de la constitución se hubiera dejado en manos de la legislatura, la habrían explicado bajo su propio riesgo si se exceden en sus poderes, o si hubieran buscado, en el espíritu de la constitución, más de lo expresado en la carta, las personas de quienes derivaron su poder para eliminarlos, y hacer lo correcto y, de hecho, no veo ningún otro remedio que la gente pueda tener contra sus gobernantes por usurpaciones de esta naturaleza. Una constitución es un pacto de un pueblo con sus gobernantes si los gobernantes rompen el pacto, el pueblo tiene un derecho y debe destituirlos y hacerse justicia, pero para permitirles hacer esto con mayor facilidad, aquellos a quienes el pueblo elegir en períodos establecidos, debería tener el poder en última instancia para determinar el sentido del pacto si determina que, en contra de la comprensión de la gente, se hará un llamamiento a [3] la gente en el período en que los gobernantes deben ser elegidos, y tendrán en su poder remediar el mal, pero cuando este poder se deposita en manos de hombres independientes del pueblo y de sus representantes, y que no son, constitucionalmente, responsables de sus opiniones, no hay manera de que izquierda para controlarlos pero con una mano en alto y un brazo extendido. [4]

Preguntas de estudio

A. ¿Por qué cree Brutus que la Corte Suprema es la rama más peligrosa?

B. Compare y contraste el caso presentado por Brutus de que la Corte Suprema es la rama más peligrosa con el caso presentado por Publius en Federalist 78 de que la Corte Suprema es la rama menos peligrosa.


Bruto I

“Brutus”, un antifederalista de Nueva York, u oponente de la Constitución propuesta (generalmente se supone que fue Robert Yates, un delegado de Nueva York a la Convención Constitucional), anticipó en dos semanas el párrafo inicial de Federalist 1, también dirigida a la gente de Nueva York. Al igual que "Publius", autor de The Federalist, una colección de ensayos de periódicos publicados en la ciudad de Nueva York en defensa de la Constitución, presentó su primer ensayo con la observación de que "la pregunta más importante que jamás se haya propuesto a su decisión, oa la decisión de cualquier pueblo bajo el cielo, está ante ustedes ". Están en juego nada menos que “la dignidad de la naturaleza humana” y las bendiciones de la libertad. Brutus luego argumenta que “aunque el gobierno denunciado por la convención no llega a una consolidación perfecta y completa, sin embargo se acerca tanto a él, que debe, si se ejecuta, terminar en él de manera segura e infalible”. La cláusula necesaria y adecuada, la cláusula de supremacía y el poder judicial tienen la potencialidad de transformar a Estados Unidos de un sistema de estados confederados a un "gobierno completo consolidado". Anticipándose a la distinción entre una democracia y una república en Federalista 10 y 63, y coincidiendo en que se prefiere un gobierno representativo a una democracia pura, Brutus argumentó entonces que, contrariamente a la sabiduría del teórico político francés Montesquieu (cuyo Espíritu de la Las leyes fueron muy leídas entre los redactores) y, contrariamente a la experiencia de la historia, los redactores nos han dado "una república extensa" en lugar de una confederación de pequeñas repúblicas. Una "república libre" sobre "una extensión tan grande" de territorio es impracticable porque, con el tiempo, la gente "conocerá a muy pocos de sus gobernantes" y perderá la "confianza" y el control sobre el gobierno.

Brutus expresó una preocupación compartida por muchos estadounidenses: ¿Podría un pueblo muy disperso y diverso estar unido bajo un solo gobierno sin sacrificar las bendiciones de la libertad y el autogobierno? Los poderosos argumentos de Brutus llevaron a los federalistas a articular una explicación más completa de lo que significaba la Constitución y por qué debería ser ratificada.

Fuente: Herbert J. Storing, ed., El antifederalista completo (Chicago: The University of Chicago Press, 1981), 2: 363-372.

A los ciudadanos del estado de Nueva York.

Cuando se llama al público a investigar y decidir sobre una cuestión en la que no sólo los miembros actuales de la comunidad están profundamente interesados, sino en la que se suspende en gran medida la felicidad y la miseria de las generaciones que aún no han nacido, la mente benevolente no puede evitar sentirse a sí misma. particularmente interesado en el resultado.

En esta situación, confío en los débiles esfuerzos de un individuo, para llevar la mente de la gente a una determinación sabia y prudente, no puede dejar de ser aceptable para la parte sincera y desapasionada de la comunidad. Animado por esta consideración, me he visto inducido a ofrecer mis pensamientos sobre la importante crisis actual de nuestros asuntos públicos.

Quizás este país nunca vio un período tan crítico en sus preocupaciones políticas. Hemos sentido la debilidad de los lazos que mantienen unidos a estos Estados Unidos y la falta de energía suficiente en nuestra actual confederación para gestionar, en algunos casos, nuestras preocupaciones generales. Se han propuesto varios expedientes para remediar estos males, pero ninguno ha tenido éxito. Al fin se ha reunido una Convención de los estados, se ha formado una constitución que ahora, probablemente, será sometida a la ratificación o rechazo del pueblo, que es la fuente de todo poder, a quien solo pertenece el derecho de hacer o rechazar. deshacer constituciones, o formas de gobierno, a su gusto. La pregunta más importante que jamás se le haya propuesto a su decisión, oa la decisión de cualquier pueblo bajo el cielo, está ante usted, y debe decidirla por hombres de su propia elección, elegidos especialmente para este propósito. Si la constitución, ofrecida a [su aceptación], es sabia, calculada para preservar las inestimables bendiciones de la libertad, asegurar los inestimables derechos de la humanidad y promover la felicidad humana, entonces, si la acepta, obtendrá una duradera El fundamento de la felicidad para millones, pero las generaciones venideras por nacer se levantarán y los llamarán bienaventurados. Puede regocijarse ante las perspectivas de que este vasto continente extendido se llene de hombres libres, que afirmarán la dignidad de la naturaleza humana. Pueden consolarse con la idea de que la sociedad, en esta tierra favorecida, avanzará rápidamente hacia el punto más alto de perfección, la mente humana se expandirá en conocimiento y virtud, y la edad de oro, en cierta medida, se realizará. Pero si, por otro lado, esta forma de gobierno contiene principios que conducirán a la subversión de la libertad, si tiende a establecer un despotismo o, lo que es peor, una aristocracia tiránica, entonces, si la adoptas, solo queda esto. se cerrará el asilo de la libertad, y la posteridad execrará tu memoria. . . .

Con estas pocas observaciones introductorias procederé a considerar esta constitución:

The first question that presents itself on the subject is, whether a confederated government be the best for the United States or not? Or in other words, whether the thirteen United States should be reduced to one great republic, governed by one legislature, and under the direction of one executive and judicial or whether they should continue thirteen confederated republics, under the direction and control of a supreme federal head for certain defined national purposes only?

This inquiry is important, because, although the government reported by the convention does not go to a perfect and entire consolidation, yet it approaches so near to it, that it must, if executed, certainly and infallibly terminate in it.

This government is to possess absolute and uncontrollable power, legislative, executive and judicial, with respect to every object to which it extends, for by the last clause of section 8th, article 1st, it is declared “that the Congress shall have power to make all laws which shall be necessary and proper for carrying into execution the foregoing powers, and all other powers vested by this constitution, in the government of the United States or in any department or office thereof.” And by the 6th article, it is declared “that this constitution, and the laws of the United States, which shall be made in pursuance thereof, and the treaties made, or which shall be made, under the authority of the United States, shall be the supreme law of the land and the judges in every state shall be bound thereby, any thing in the constitution, or law of any state to the contrary notwithstanding.” It appears from these articles that there is no need of any intervention of the state governments, between the Congress and the people, to execute any one power vested in the general government, and that the constitution and laws of every state are nullified and declared void, so far as they are or shall be inconsistent with this constitution, or the laws made in pursuance of it, or with treaties made under the authority of the United States. — The government then, so far as it extends, is a complete one, and not a confederation. It is as much one complete government as that of New-York or Massachusetts, has as absolute and perfect powers to make and execute all laws, to appoint officers, institute courts, declare offences, and annex penalties, with respect to every object to which it extends, as any other in the world. So far therefore as its powers reach, all ideas of confederation are given up and lost. It is true this government is limited to certain objects, or to speak more properly, some small degree of power is still left to the states, but a little attention to the powers vested in the general government, will convince every candid man, that if it is capable of being executed, all that is reserved for the individual states must very soon be annihilated, except so far as they are barely necessary to the organization of the general government. The powers of the general legislature extend to every case that is of the least importance — there is nothing valuable to human nature, nothing dear to freemen, but what is within its power. It has authority to make laws which will affect the lives, the liberty, and property of every man in the United States nor can the constitution or laws of any state, in any way prevent or impede the full and complete execution of every power given. The legislative power is competent to lay taxes, duties, imposts, and excises — there is no limitation to this power, unless it be said that the clause which directs the use to which those taxes, and duties shall be applied, may be said to be a limitation but this is no restriction of the power at all, for by this clause they are to be applied to pay the debts and provide for the common defense and general welfare of the United States but the legislature have authority to contract debts at their discretion they are the sole judges of what is necessary to provide for the common defense, and they only are to determine what is for the general welfare: this power therefore is neither more nor less, than a power to lay and collect taxes, imposts, and excises, at their pleasure not only the power to lay taxes unlimited, as to the amount they may require, but it is perfect and absolute to raise them in any mode they please. No state legislature, or any power in the state governments, have any more to do in carrying this into effect, than the authority of one state has to do with that of another. In the business therefore of laying and collecting taxes, the idea of confederation is totally lost, and that of one entire republic is embraced. It is proper here to remark, that the authority to lay and collect taxes is the most important of any power that can be granted it connects with it almost all other powers, or at least will in process of time draw all other after it it is the great mean of protection, security, and defense, in a good government, and the great engine of oppression and tyranny in a bad one. This cannot fail of being the case, if we consider the contracted limits which are set by this constitution, to the late governments, on this article of raising money. No state can emit paper money — lay any duties, or imposts, on imports, or exports, but by consent of the Congress and then the net produce shall be for the benefit of the United States. The only mean therefore left, for any state to support its government and discharge its debts, is by direct taxation and the United States have also power to lay and collect taxes, in any way they please. Every one who has thought on the subject, must be convinced that but small sums of money can be collected in any country, by direct taxes[ hence,] when the federal government begins to exercise the right of taxation in all its parts, the legislatures of the several states will find it impossible to raise monies to support their governments. Without money they cannot be supported, and they must dwindle away, and, as before observed, their powers [will be] absorbed in that of the general government.

It might be here shown, that the power in the federal legislative, to raise and support armies at pleasure, as well in peace as in war, and their control over the militia, tend, not only to a consolidation of the government, but the destruction of liberty. — I shall not, however, dwell upon these, as a few observations upon the judicial power of this government, in addition to the preceding, will fully evince the truth of the position.

The judicial power of the United States is to be vested in a supreme court, and in such inferior courts as Congress may from time to time ordain and establish. The powers of these courts are very extensive their jurisdiction comprehends all civil causes, except such as arise between citizens of the same state and it extends to all cases in law and equity arising under the constitution. One inferior court must be established, I presume, in each state at least, with the necessary executive officers appendant thereto. It is easy to see, that in the common course of things, these courts will eclipse the dignity, and take away from the respectability, of the state courts. These courts will be, in themselves, totally independent of the states, deriving their authority from the United States, and receiving from them fixed salaries and in the course of human events it is to be expected, that they will swallow up all the powers of the courts in the respective states.

How far the clause in the 8th section of the 1st article may operate to do away all idea of confederated states, and to effect an entire consolidation of the whole into one general government, it is impossible to say. The powers given by this article are very general and comprehensive, and it may receive a construction to justify the passing almost any law. A power to make all laws, which shall be necessary and proper, for carrying into execution, all powers vested by the constitution in the government of the United States, or any department or officer thereof, is a power very comprehensive and definite, and may, for ought I know, be exercised in a such manner as entirely to abolish the state legislatures. Suppose the legislature of a state should pass a law to raise money to support their government and pay the state debt, may the Congress repeal this law, because it may prevent the collection of a tax which they may think proper and necessary to lay, to provide for the general welfare of the United States? For all laws made, in pursuance of this constitution, are the supreme law of the land, and the judges in every state shall be bound thereby, any thing in the constitution or laws of the different states to the contrary notwithstanding. — By such a law, the government of a particular state might be overturned at one stroke, and thereby be deprived of every means of its support.

It is not meant, by stating this case, to insinuate that the constitution would warrant a law of this kind or unnecessarily to alarm the fears of the people, by suggesting, that the federal legislature would be more likely to pass the limits assigned them by the constitution, than that of an individual state, further than they are less responsible to the people. But what is meant is, that the legislature of the United States are vested with the great and uncontrollable powers, of laying and collecting taxes, duties, imposts, and excises of regulating trade, raising and supporting armies, organizing, arming, and disciplining the militia, instituting courts, and other general powers. And are by this clause invested with the power of making all laws, proper and necessary, for carrying all these into execution and they may so exercise this power as entirely to annihilate all the state governments, and reduce this country to one single government. And if they may do it, it is pretty certain they will for it will be found that the power retained by individual states, small as it is, will be a clog upon the wheels of the government of the United States the latter therefore will be naturally inclined to remove it out of the way. Besides, it is a truth confirmed by the unerring experience of ages, that every man, and every body of men, invested with power, are ever disposed to increase it, and to acquire a superiority over every thing that stands in their way. This disposition, which is implanted in human nature, will operate in the federal legislature to lessen and ultimately to subvert the state authority, and having such advantages, will most certainly succeed, if the federal government succeeds at all. It must be very evident then, that what this constitution wants of being a complete consolidation of the several parts of the union into one complete government, possessed of perfect legislative, judicial, and executive powers, to all intents and purposes, it will necessarily acquire in its exercise and operation.

Let us now proceed to inquire, as I at first proposed, whether it be best the thirteen United States should be reduced to one great republic, or not? It is here taken for granted, that all agree in this, that whatever government we adopt, it ought to be a free one that it should be so framed as to secure the liberty of the citizens of America, and such an one as to admit of a full, fair, and equal representation of the people. The question then will be, whether a government thus constituted, and founded on such principles, is practicable, and can be exercised over the whole United States, reduced into one state?

If respect is to be paid to the opinion of the greatest and wisest men who have ever thought or wrote on the science of government, we shall be constrained to conclude, that a free republic cannot succeed over a country of such immense extent, containing such a number of inhabitants, and these increasing in such rapid progression as that of the whole United States. Among the many illustrious authorities which might be produced to this point, I shall content myself with quoting only two.

The one is the Baron de Montesquieu, Spirit of the Laws, [1] Chap. xvi. Vol. I [Book VIII]. “It is natural to a republic to have only a small territory, otherwise it cannot long subsist. In a large republic there are men of large fortunes, and consequently of less moderation there are trusts too great to be placed in any single subject he has interest of his own he soon begins to think that he may be happy, great and glorious, by oppressing his fellow citizens and that he may raise himself to grandeur on the ruins of his country. In a large republic, the public good is sacrificed to a thousand views it is subordinate to exceptions, and depends on accidents. In a small one, the interest of the public is easier perceived, better understood, and more within the reach of every citizen abuses are of less extent, and of course are less protected.” Of the same opinion is the Marquis Beccarari. [2]

History furnishes no example of a free republic, anything like the extent of the United States. The Grecian republics were of small extent so also was that of the Romans. Both of these, it is true, in process of time, extended their conquests over large territories of country and the consequence was, that their governments were changed from that of free governments to those of the most tyrannical that ever existed in the world.

Not only the opinion of the greatest men, and the experience of mankind, are against the idea of an extensive republic, but a variety of reasons may be drawn from the reason and nature of things, against it. In every government, the will of the sovereign is the law. In despotic governments, the supreme authority being lodged in one, his will is law, and can be as easily expressed to a large extensive territory as to a small one. In a pure democracy the people are the sovereign, and their will is declared by themselves for this purpose they must all come together to deliberate, and decide.

This kind of government cannot be exercised, therefore, over a country of any considerable extent it must be confined to a single city, or at least limited to such bounds as that the people can conveniently assemble, be able to debate, understand the subject submitted to them, and declare their opinion concerning it.

In a free republic, although all laws are derived from the consent of the people, yet the people do not declare their consent by themselves in person, but by representatives, chosen by them, who are supposed to know the minds of their constituents, and to be possessed of integrity to declare this mind.

In every free government, the people must give their assent to the laws by which they are governed. This is the true criterion between a free government and an arbitrary one. The former are ruled by the will of the whole, expressed in any manner they may agree upon the latter by the will of one, or a few. If the people are to give their assent to the laws, by persons chosen and appointed by them, the manner of the choice and the number chosen, must be such, as to possess, be disposed, and consequently qualified to declare the sentiments of the people for if they do not know, or are not disposed to speak the sentiments of the people, the people do not govern, but the sovereignty is in a few. Now, in a large extended country, it is impossible to have a representation, possessing the sentiments, and of integrity, to declare the minds of the people, without having it so numerous and unwieldy, as to be subject in great measure to the inconveniency of a democratic government.

The territory of the United States is of vast extent it now contains near three millions of souls, and is capable of containing much more than ten times that number. Is it practicable for a country, so large and so numerous as they will soon become, to elect a representation, that will speak their sentiments, without their becoming so numerous as to be incapable of transacting public business? It certainly is not.

In a republic, the manners, sentiments, and interests of the people should be similar. If this be not the case, there will be a constant clashing of opinions and the representatives of one part will be continually striving against those of the other. This will retard the operations of government, and prevent such conclusions as will promote the public good. If we apply this remark to the condition of the United States, we shall be convinced that it forbids that we should be one government. The United States includes a variety of climates. The productions of the different parts of the union are very variant, and their interests, of consequence, diverse. Their manners and habits differ as much as their climates and productions and their sentiments are by no means coincident. The laws and customs of the several states are, in many respects, very diverse, and in some opposite each would be in favor of its own interests and customs, and, of consequence, a legislature, formed of representatives from the respective parts, would not only be too numerous to act with any care or decision, but would be composed of such heterogeneous and discordant principles, as would constantly be contending with each other.

The laws cannot be executed in a republic, of an extent equal to that of the United States, with promptitude.

The magistrates in every government must be supported in the execution of the laws, either by an armed force, maintained at the public expense for that purpose or by the people turning out to aid the magistrate upon his command, in case of resistance.

In despotic governments, as well as in all the monarchies of Europe, standing armies are kept up to execute the commands of the prince or the magistrate, and are employed for this purpose when occasion requires: But they have always proved the destruction of liberty, and [are] abhorrent to the spirit of a free republic. In England, where they depend upon the parliament for their annual support, they have always been complained of as oppressive and unconstitutional, and are seldom employed in executing of the laws never except on extraordinary occasions, and then under the direction of a civil magistrate.

A free republic will never keep a standing army to execute its laws. It must depend upon the support of its citizens. But when a government is to receive its support from the aid of the citizens, it must be so constructed as to have the confidence, respect, and affection of the people. Men who, upon the call of the magistrate, offer themselves to execute the laws, are influenced to do it either by affection to the government, or from fear where a standing army is at hand to punish offenders, every man is actuated by the latter principle, and therefore, when the magistrate calls, will obey: but, where this is not the case, the government must rest for its support upon the confidence and respect which the people have for their government and laws. The body of the people being attached, the government will always be sufficient to support and execute its laws, and to operate upon the fears of any faction which may be opposed to it, not only to prevent an opposition to the execution of the laws themselves, but also to compel the most of them to aid the magistrate but the people will not be likely to have such confidence in their rulers, in a republic so extensive as the United States, as necessary for these purposes. The confidence which the people have in their rulers, in a free republic, arises from their knowing them, from their being responsible to them for their conduct, and from the power they have of displacing them when they misbehave: but in a republic of the extent of this continent, the people in general would be acquainted with very few of their rulers: the people at large would know little of their proceedings, and it would be extremely difficult to change them. The people in Georgia and New-Hampshire would not know one another’s mind, and therefore could not act in concert to enable them to effect a general change of representatives. The different parts of so extensive a country could not possibly be made acquainted with the conduct of their representatives, nor be informed of the reasons upon which measures were founded. The consequence will be, they will have no confidence in their legislature, suspect them of ambitious views, be jealous of every measure they adopt, and will not support the laws they pass. Hence the government will be nerveless and inefficient, and no way will be left to render it otherwise, but by establishing an armed force to execute the laws at the point of the bayonet — a government of all others the most to be dreaded.

In a republic of such vast extent as the United-States, the legislature cannot attend to the various concerns and wants of its different parts. It cannot be sufficiently numerous to be acquainted with the local condition and wants of the different districts, and if it could, it is impossible it should have sufficient time to attend to and provide for all the variety of cases of this nature, that would be continually arising.

In so extensive a republic, the great officers of government would soon become above the control of the people, and abuse their power to the purpose of aggrandizing themselves, and oppressing them. The trust committed to the executive offices, in a country of the extent of the United-States, must be various and of magnitude. The command of all the troops and navy of the republic, the appointment of officers, the power of pardoning offences, the collecting of all the public revenues, and the power of expending them, with a number of other powers, must be lodged and exercised in every state, in the hands of a few. When these are attended with great honor and emolument, as they always will be in large states, so as greatly to interest men to pursue them, and to be proper objects for ambitious and designing men, such men will be ever restless in their pursuit after them. They will use the power, when they have acquired it, to the purposes of gratifying their own interest and ambition, and it is scarcely possible, in a very large republic, to call them to account for their misconduct, or to prevent their abuse of power.

These are some of the reasons by which it appears, that a free republic cannot long subsist over a country of the great extent of these states. If then this new constitution is calculated to consolidate the thirteen states into one, as it evidently is, it ought not to be adopted.

Though I am of opinion, that it is a sufficient objection to this government, to reject it, that it creates the whole union into one government, under the form of a republic, yet if this objection was obviated, there are exceptions to it, which are so material and fundamental, that they ought to determine every man, who is a friend to the liberty and happiness of mankind, not to adopt it. I beg the candid and dispassionate attention of my countrymen while I state these objections — they are such as have obtruded themselves upon my mind upon a careful attention to the matter, and such as I sincerely believe are well founded. There are many objections, of small moment, of which I shall take no notice — perfection is not to be expected in any thing that is the production of man — and if I did not in my conscience believe that this scheme was defective in the fundamental principles — in the foundation upon which a free and equal government must rest — I would hold my peace.

Study Questions

A. Does Brutus make a strong case for the momentousness of the choice facing Americans? For example, is the appeal to the wisdom of Montesquieu and the experience of history persuasive? With which powers of the new government is Brutus here especially concerned? Why does Brutus believe that a republic as large as the one proposed by the Constitution will lead to tyranny?

B. Compare and contrast Brutus’ arguments with those of Publius concerning 1) what is at stake in Federalist 1, 2) the status of Montesquieu – in Federalist 9, and 3) the case for the extended republic in Federalist 10.


Brutus AC-15 - History

Isaac , like his

father Abraham , attempted to

Isaac ’s God-given prosperity,

Jehoram of Israel succeeds Ahaziah

Jehoram of Judah ‘becomes king,’

Uzziah (Azariah) succeeds Amaziah

The activities of colonization by

In the second stage, northern parts of

and the epic poems, "Iliad" and

and beginning with Sargon II (eighth

to appear in Assyrian inscriptions. -

Those days the "Constitution"

was instituted by Lycurgus of

government were gradually put in

of the Alcmaeonid members, Megacles (632? bc ), a certain

murder but returned during the ascendancy

of Solon (early 6th century) to lead a

Nebuchadnezzar (II) becomes

Jeremiah writes Lamentations

Cyrus(559-530 B.C.E.) is believed

battle in 530 B.C.E., though the details

obscure. Prior to his death, his son Cambyses II

evidently became coregent with him, succeeding to the

in an unsuccessful invasion of Attica

from their base in Boeotia.

rebuilding the fire-damaged temple of Apollo at Delphi

when the Spartans, largely at the

inally drove out the Peisistratids in 510.

Two years later 510 B.C.E. Cleisthenes introduced a program of constitutional reforms that greatly furthered the development of Athenian democracy .

The policy followed by this opportunistic family during the next generation is obscure. They were suspected of collusion with the Persians at the Battle of Marathon (490), but the direct-line descendants were considerably less prominent after the Persian Wars . Both Alcibiades and Pericles , however, were descended from the family through their mothers. Spartan demands at the beginning of the Peloponnesian War for the expulsion of the Alcmaeonids were provocations directed at Pericles.

los Ionian Revolt, and associated revolts in Aeolis , Doris , Cyprus and Caria , were military rebellions by several Greek regions of Asia Minor against Persian rule, lasting from 499 BC to 493 BC. At the heart of the rebellion was the dissatisfaction of the Greek cities of Asia Minor with the tyrants appointed by Persia to rule them, along with the individual actions of two Milesian tyrants, Histiaeus and Aristagoras . The cities of Ionia had been conquered by Persia around 540 BC, and thereafter were ruled by native tyrants, nominated by the Persian satrap in Sardis . In 499 BC, the tyrant of Miletus, Aristagoras, launched a joint expedition with the Persian satrap Artaphernes to conquer Naxos , in an attempt to bolster his position. The mission was a debacle, and sensing his imminent removal as tyrant, Aristagoras chose to incite the whole of Ionia into rebellion against the Persian king Darius the Great .

In 498 BC, supported by troops from Athens and Eretria , the Ionians marched on, captured, and burnt Sardis. However, on their return journey to Ionia, they were followed by Persian troops, and decisively beaten at the Battle of Ephesus . This campaign was the only offensive action by the Ionians, who subsequently went on the defensive. The Persians responded in 497 BC with a three pronged attack aimed at recapturing the outlying areas of the rebellion, but the spread of the revolt to Caria meant that the largest army, under Daurises, relocated there. While initially campaigning successfully in Caria, this army was annihilated in an ambush at the Battle of Pedasus . This resulted in a stalemate for the rest of 496 BC and 495 BC.

By 494 BC the Persian army and navy had regrouped, and they made straight for the epicenter of the rebellion at Miletus. The Ionian fleet sought to defend Miletus by sea, but was decisively beaten at the Battle of Lade , after the defection of the Samians . Miletus was then besieged, captured, and its population was brought under Persian rule. This double defeat effectively ended the revolt, and the Carians surrendered to the Persians as a result. The Persians spent 493 BC reducing the cities along the west coast that still held out against them, before finally imposing a peace settlement on Ionia which was generally considered to be both just and fair.

The Ionian Revolt constituted the first major conflict between Greece and the Persian Empire , and as such represents the first phase of the Greco-Persian Wars . Although Asia Minor had been brought back into the Persian fold, Darius vowed to punish Athens and Eretria for their support of the revolt. Moreover, seeing that the myriad city states of Greece posed a continued threat to the stability of his Empire, according to Herodotus, Darius decided to conquer the whole of Greece. In 492 BC, the first Persian invasion of Greece , the next phase of the Greco-Persian Wars, began as a direct consequence of the Ionian Revolt.


Brutus, the Noble Conspirator

A meticulously researched, beautifully written biography of Julius Caesar’s high-minded assassin.

Marcus Junius Brutus is one of the great names of Roman history. Central to the notorious conspiracy that resulted in the assassination of the dictator Julius Caesar on the Ides of March 44 BC, Brutus gave brief hope to those who longed for the restoration of republican government. Yet by August of the same year he was on his way from Italy to the Greek east a little over two years later he had committed suicide in the face of defeat at the hands of Mark Antony and Octavian at the Battle of Philippi. Civil war did not come to an end with the death of Brutus, but now it was merely a conflict between rival dynasts. The republican system was dead.

Roman aristocrats of this period were acutely aware of the virtues of their ancestors. Brutus himself claimed descent on his father’s side from Lucius Junius Brutus, who expelled Tarquin the Proud in 509 BC and was one of the two consuls for the first year of the Roman republic. Tracing the lineage of his mother, Servilia, Brutus could point to Servilius Ahala, who in 439 BC killed Spurius Maelius on the grounds that he was aspiring to tyranny. Yet in Brutus’ own time it was not always so easy to decide who represented the better cause. When civil war broke out in 49 BC, Brutus was an instinctive supporter of the senate in its opposition to the demands of Julius Caesar. Yet to do so meant serving under a man – Pompeius Magnus – who had murdered Brutus’ father when Brutus was no more than five and whom Brutus had openly attacked for his subversion of the republican constitution. If Caesar represented a worse cause still, he was also so close an intimate of Servilia that rumours circulated in antiquity that he was Brutus’ true father.

After Pompey’s defeat at the battle of Pharsalus in 48 BC, Brutus was among the first to make his peace with Caesar. He worked to secure reconciliation between the warring parties and in 46 BC accepted the governorship of Cisalpine Gaul. By 44 BC he was serving as urban praetor, a magistracy second in authority only to the consulship, and he must have seemed to Caesar a reliable friend and associate. Yet Caesar’s ever more nakedly monarchical mode of government and pretensions to divinity could not but alienate those who had hoped that he would restore the old order after years of chaos. Brutus, Cassius and their fellow conspirators could see only one way forward: assassination. They styled themselves liberators but others saw them as traitors and parricides. Either way, their success was shortlived and their hopes died with them.

Kathryn Tempest’s life of Brutus is both meticulously researched and elegantly constructed. This is no hagiography nor is it a desecration. Brutus’ high-minded philosophy and determination to treat his fellow Romans justly are as much in evidence as his dubious financial dealings on Cyprus and his brutal subjection of the people of Xanthus. Incisively analytical when confronted with contradictions in the ancient sources, Tempest nevertheless avoids the temptation to present too univocal a picture of her subject. She recognises the complexity of his personality and his actions and shows how they relate to the confusion of the times in which he lived.

Tempest writes as clearly as she thinks. She also empowers the reader to engage closely with the evidence two detailed appendices, extensive endnotes and a full and up-to-date bibliography round off the study. Generous in her acknowledgement of the contributions of her peers, she avoids needless rancour and disputation. This is a valuable contribution to the field, which deserves to be widely read.

Brutus: The Noble Conspirator
Kathryn Tempest
Yale University Press
314pp £25